La ciudad es densa.
Existe una crítica popular, errónea, que identifica la densidad edificatoria con la especulación.
Contestando al comentario de un lector, explicaremos las tesis que defienden una ciudad densa y compacta frente a la ciudad difusa e indefinida que estamos sufriendo en los últimos años.
En muchas ocasiones se califica de especulación el hecho de construir viviendas en altura en los centros urbanos, pero la realidad es, que la verdadera especulación, es hacer un chalet o hileras de adosados en la periferia, ocupando terrenos que no soportan esa carga edificatoria.
Que una única familia ocupe 400 ó 500 metros cuadrados de suelo es un precio que nuestro limitado territorio no se puede permitir como norma.
Basta con hacer un sencillo cálculo, multipliquemos el número de unidades familiares de nuestra isla por los 400 metros cuadrados que supondría ese deseado chalet o adosado "canario" en las afueras. Obtendremos una superficie muy superior a la extensión de Tenerife. Necesitaríamos exactamente una isla 43 veces mayor, aún ocupando el 40% que suponen sus espacios naturales protegidos.
No defendemos operaciones incontroladas de grandes rascacielos, pero sí una explotación más razonable del suelo. Existen proporciones urbanas de gran calidad espacial, ciudades y pueblos de nuestro archipiélago con escalas humanas donde el ancho de las vías, los espacios públicos y la altura de los edificios han sido minuciosamente estudiados.
Aprovecho la ocasión para recomendar a los lectores el blog del arquitecto Federico García Barba, http://islasterritorio.blogspot.com/ donde éstas y otras cuestiones son tratadas en profundidad.
Las torres de viviendas son elementos igualmente válidos en nuestras ciudades. Recordemos que cada parcela soporta una edificabilidad determinada y que cada edificabilidad exige unos servicios y espacios libres asociados. Las edificaciones en altura concentran a la población, liberando espacios de uso público y aglomerando los servicios que estas personas requieren.
Continuando con el razonamiento, cabe decir que actualmente se construye en la periferia por una sencilla razón, porque el terreno es más barato debido a que es menos edificable y carece de los servicios urbanísticos básicos.
La gente no vive en el extrarradio de las ciudades porque le guste coger el coche todos los días para ir a trabajar, ni siquiera por amor a la naturaleza, una naturaleza, de la que no pueden disfrutar porque se pasan el día en los centros urbanos.
Construir en la periferia resulta, a corto plazo, lo más barato para el promotor, pero, a la larga, lo más caro para las arcas públicas y para nuestro territorio.
Después de levantar estas urbanizaciones hay que construir carreteras para acceder a ellas, hay que suministrarles agua, electricidad, telefonía, dotarlas de transporte público, escuelas, centros de salud, centros comerciales y un largo etcétera.
Contraponemos esa idea de ciudad actual, difusa e inhumana, compuesta por suburbios donde no existe el espacio público; a la ciudad tradicional que, por el contrario, se lee precisamente desde lo público.
No nos referimos aquí a adoptar una actitud imitativa de los edificios y espacios clásicos, se trata una aproximación a las cualidades históricas de la ciudad, cualidades éstas, que van más allá de los estilos y que deben afrontarse desde una postura contemporánea.
Para finalizar, quiero recomendar el libro de Lewis Mumford, "La carretera y la ciudad" escrito en 1963 y terminar con palabras de su autor:
"Quizás el motivo principal para publicar ahora este libro se encuentre en la creencia de que aún puede ampliarse el círculo del debate público y preparar así el campo para un orden más humano en materia de construcción y modo de vivir, que el que trata de imponer una economía basada en el dinero e intoxicada de poder".
alejandro beautell, arquitecto. 22 de julio de 2mil8
Comentarios
Interesantísima reflexión. Felicidades.
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